FICHA TÉCNICA



Título obra La hacienda de Carrillo

Autoría Carlos M. Ortega, Pablo Prida

Elenco Ana Berta Lepe, Guillermina Jiménez de Rubiales (Flor Silvestre), Otilia de Armas, Anita de Palma, Armida Herrera, Socorro Bastida, Marianela Barandalla, Manuel Álvarez, Gloria Mestre, José Chávez, Alberto Catalá, Gerardo del Castillo, Nacho contla, Raúl Martínez

Espacios teatrales Teatro Ideal

Notas de espacios teatrales Carlos M. Ortega y Pablo Prida / empresarios

Eventos Inauguración del Nuevo Teatro Ideal

Referencia Armando de Maria y Campos, “Con la inauguración del teatro Ideal vuelven las revistas mexicanas”, en Novedades, 14 julio 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: La hacienda de Carrillo

Con la inauguración del teatro Ideal vuelven las revistas mexicanas

Armando de Maria y Campos

    Para cumplir con una disposición del Departamento Central del Distrito Federal, de la época en que fue regente de la ciudad don Fernando Casas Alemán, los propietarios del antiguo teatro Ideal, de la primera calle de Dolores, inaugurado en 1912 y derribado este año, decidieron levantar un nuevo teatro Ideal en uno de los barrios ahora más populosos de la metrópoli, entre las antiguas y muy pobladas colonias de San Rafael y Santa María de la Ribera, al final de San Cosme, la entrada de Santo Tomás, paso para las municipalidades de Tacuba y Azcapotzalco. Aprovecharon un local que durante años estuvo ocupado por boliches, en el número 15 de la primera calle de Serapio Rendón, y lo adaptaron para teatro, con escenario capaz para recibir grandes espectáculos y lunetario en declive, compuesto por dos grandes cuerpos para establecer una diferencia en las localidades y, naturalmente, en los precios. Como en los viejos teatros mexicanos María Guerrero, Alcázar o Manuel Briseño, éste tiene localidades altas laterales -también tiene este tipo de localidades el Follies, en la calle de Gabriel Leyva-, lo que le da un carácter de teatro popular para público de diversos paladares.
     Forma parte de la empresa constructora, al parecer, el veterano autor don Pablo Prida, quien en unión del aún más veterano don Carlos M. Ortega, cubren más de tres décadas de teatro frívolo con sus ribetes de actualista y político. Contando con la colaboración musical del músico don Manuel Castro Padilla, estos autores de libretos formaron una tríada en la que descansa la historia del teatro frívolo mexicano de 1908 a la fecha. Carlos M. Ortega estrenó su primera obra en el año 1907, y Pablo Prida comenzó a colaborar con él aproximadamente en 1915. De entonces a acá, Prida y Ortega, autores de la revista La hacienda de Carrillo, con la que se inauguró el nuevo teatro Ideal, no han desaprovechado la actualidad metropolitana, en sus aspectos políticos o simplemente costumbristas, para llevarla a escena en revistas cuyos títulos definían el principal contenido de sus escenas. Basta recordar unos cuantos para que el lector de ahora quede enterado de los temas que Prida y Ortega gustan de llevar a la escena: México nuevo (1909); Nueva era (1911); Los efectos

de la metralla (1913); El país de los cartones (1915); La ciudad triste y desconfiada (1917); La ciudad de los camiones (1918); La república lírica (1919); El muy H. Ayuntamiento (1921); La elección de Calles (1923); Hay que dar color (1927); El reparto general (1929); F.I.U.S.A. (1935); Manicomio nacional (1937); En tiempos de don Porfirio (1939); Rupa y Rapa, mismo año; El buen vecino (1940); El suriano de Olinalá (1940); La huelga estudiantil (1941); El máximo pachuco (1943); Curules que vendan (1944); La república del relajo (1945); Sí existe Dios (1948); Los presidentes peleles (1949)...
     El método o plan que Prida y Ortega han seguido para estructurar estas revistas de carácter actualista y con indispensables alusiones a los sucesos políticos del día, es bien sencillo, y lo han seguido en tantas obras que han llegado a perfeccionarlo, alcanzando una simplicidad extraordinaria. Se acierta con el título que, generalmente, se refiere a una situación política o a determinado aspecto de la ciudad. El veterano autor "Guz Águila" dio en 1919 con un título que marcó un camino a seguir a los autores frívolos, y aún no lo abandonan. Acababa de subir a la presidencia de la república don Adolfo de la Huerta, y Guz Águila fraguó una revista que tituló La Huerta de don Adolfo. Después de este título, que decía todo y en realidad no decía nada, y detrás del cual se agrupaban varios cuadros con canciones y bailables, han seguido tantos, que resulta casi imposible enumerarlos, hasta éste, La hacienda de Carrillo, que necesariamente lleva a pensar en el ministro don Antonio Carrillo Flores, secretario de Estado y del despacho de Hacienda. Pero nada tiene que ver la revista que inauguró el 1 de julio el nuevo teatro Ideal con la Secretaría de Hacienda ni con el ministro Carrillo. El título es un gancho nada más, que da pretexto a los autores para exhibir un primer cuadro con la vida de una hacienda del interior, cuyo propietario deja sus tierras para abrazar la política, llegar a diputado y venir a la metrópoli en compañía de sus hijas. Y es entonces cuando se amontonan los pretextos para cuadros y escenas que nada tienen que ver ni con el título ni con el débil hilo argumental de la producción revisteril. No faltan, como en todas las anteriores revistas de Prida y Ortega, las alusiones políticas directas sin

disimulo de nombres y apellidos; los bailes mexicanos, los españoles, aprovechando el paseo por México de algún conjunto ibérico; números de ballet, desfile de modelos y apoteosis final.
     Ahora no cuentan Prida y Ortega con la colaboración de un músico compositor; se han conformado con un arreglista, y no hay ocasión de que prenda una melodía nueva que haga popular al espectáculo. Se canta o se baila lo que está de moda o saben hacer mejor los intérpretes y se disfruta del espectáculo de treinta muchachas jóvenes, guapas, vestidas sintéticamente.
     Para reunir a los heterogéneos elementos que deben intervenir en una revista de esta índole y corte, se ha recurrido a las variedades de cabaré y a elementos del cine, de la radio y de la televisión, habiéndose logrado reunir un conjunto en el que figura lo mejor de este nenepile, sin faltar la positiva atracción de las nuevas y por esto tiernas vedettes: Ana Berta Lepe, preciosa muchacha que todo empieza a hacerlo bien, cuya sola presencia es regocijo para los sentidos; la cancionista de radio Guillermina Jiménez de Rubiales, más conocida por Flor Silvestre, muy linda y joven también, y también muy tierna como vedette; una cubanita fresca y desenvuelta, Otilia de Armas, que habla y baila sin ton ni son, aunque crea que lo hace al son del cha-cha-chá, y muchas otras que prometen, como Anita de Palma; bailarinas clásicas, encabezadas por Armida Herrera y Socorro Bastida; una pareja procedente de la zarzuela española, Marianela Barandalla y Manuel Álvarez; una bailarina y actriz de impresionante belleza, Gloria Mestre, y los indispensables actores que hablan por derecho y que son Pepe Chávez, Alberto Catalá, Gerardo del Castillo y Nacho Contla; también un cancionista popular de estos días, Raúl Martínez. Con todo esto y decorados nuevos y vestuario limpio, rico y del mejor gusto, Carlos Ortega y Pablo Prida han presentado un espectáculo con atractivo suficiente para interesar al numeroso público de las colonias de San Rafael y Santa María de la Ribera.