FICHA TÉCNICA



Título obra A media luz los tres

Autoría Miguel Mihura

Dirección Julián Soler

Elenco Enrique Rambal hijo, Elmo Michel, Mercedes Pascual, Liliana Durán, Emma Teresa Armendáriz, Pilar Jordán

Escenografía Jorge Fernández

Espacios teatrales Teatro Arena

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de A media luz los tres, o El caso de un don Juan burócrata. Teatro Arena”, en Novedades, 3 noviembre 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: A media luz los tres

Estreno de A media luz los tres, o El caso de un don Juan burócrata. Teatro Arena

Armando de Maria y Campos

    El teatro de Miguel Mihura, y el de otros autores españoles que escriben usando la misma fórmula, podría clasificarse como teatro codorniz, y con el tiempo estaría más justificada la clasificación que la de teatro astracán, para el que con tanta fortuna escribió Pedro Muñoz Seca. Le llamaríamos teatro codorniz, porque su humorismo tan deformante encuentra su origen en el que animó los chistes, los cuentos, las informaciones en general del periódico humorístico madrileño La Codorniz, poco conocido en México, por cierto.
     Miguel Mihura es el principal hierofante de este género de teatro frívolo, intrascendente y entretenido. En México se han representado de Mihura, El caso de la mujer asesinadita, y Tres sombreros de copa. Se ha anunciado alguna otra comedia, que fue retirada en pleno ensayo. De Mihura son varios "casos": el de la mujer asesinadita, que ya conocemos; El caso de la señora estupenda, y El caso del señor vestido de violeta -que es el de un torero en traje de luces-, estrenado en Madrid apenas en julio último. También ha escrito Ni pobre ni rico, en colaboración con Tono, y Una mujer cualquiera, que por cierto, es un fino drama, y yo creo que hasta ahora es lo mejor que ha escrito. Y, naturalmente, A media luz los tres, en tres actos y un epílogo, que, si se le corta, como sucedió ahora, vuelve a la comedia incongruente, la reduce a tres comedias distintas unidas por el común denominador de un don Juan burócrata de cinco a diez.
     Tienen éxito en España las comedias del nuevo humor de Mihura, pero... no tanto. Es decir, que gustan a unos y a otros disgustan. No es éste, pues, un teatro característico del momento actual de España. Un crítico español, don Rafael Vásquez Zamora, ha escrito sobre el teatro de Mihura lo que sigue, y conviene reproducirlo para aclarar la nube de confusión que se quiere colocar dentro del teatro español contemporáneo:
     "El humorismo puro, que representa en España La Codorniz, se presta muy poco a la comedia. Una aplastante cantidad de alquimia ingeniosa suele acumularse en las obras teatrales de éstas caricaturas escénicas, pero falta, generalmente, la justa medida, la dominación del interés y, sobre todo el toque humano. Los

personajes son ante todo vehículo de ingeniosas frases, y las situaciones rehuyen con demasiada frecuencia la franca comicidad, en su tendencia a la sistemática originalidad. Es lógico, por otra parte, que si lo cómico se renueva en chistes, artículos, películas, etcétera, también en el teatro suceda esto. Pero lo mismo que en el genero dramático puro seguirá existiendo, por encima de cualquier innovación, la necesidad de un conflicto entre seres humanos, entre deber y placer, o entre dos deberes, en el genero cómico deben ser respetadas unas normas respecto a los tipos que intervienen en la obra y al sentido general de la comicidad que informa la comedia de que se trate. Ahora es frecuente ver comedias cómicas del nuevo estilo de humor, que constituyen un género híbrido, ya que el humor y lo cómico son elementos radicalmente distintos. De todos modos ahora me refiero al humorismo que vulgarmente se identifica con comicidad y lo que se echa de menos es precisamente que el producto que se nos presenta en escena no sea cómico puro, humor agridulce, ni agrio humor. Lo que falta es la construcción, la armonía de las partes. Y esto sucede por una excesiva confianza en el efecto de las frases agudas sobre el espectador. Es decir, que los personajes no son objetivamente cómicos sino los constantes intermediarios de la gracia del autor, las piezas frías de un mecanismo muy ingenioso de relojería. Deshumanización que no importaría si ese mecanismo fuera el de la comedia, pero en este nuevo humorismo, los engranajes del ingenio creador parecen funcionar inconscientemente, lo cual es siempre muy peligoso en el teatro".
    La cita ha sido larga, pero útil para orientar al público sobre este nuevo y entretenido teatro. Cuatro mujeres y dos hombres intervienen en A media luz los tres. En España, por capricho o conveniencia, tres de las cuatro mujeres fueron interpretadas por una misma actriz, en ambicioso alarde de versatilidad. Aquí se buscó una actriz -incipientes las cuatro- para cada mujer. Un don Juan de peppermint recibe en su casa a tres mujeres -la otra es la que cuida el aseo de su "pisito"-, y a un amigo nada conquistador. Dos de las mujeres pasan de los brazos del don Juan a los del amigo nada gallardo ni calavera; la otra vuelve con su protector de Logoño, mientras

que El Hombre cae con pulmonía; lo cuida la Paca, que le asea el pisito y acaba casándose con ella, de lo que no se entera el espectador mexicano, porque esto último sucede en el epílogo que fue suprimido. Y la boda entre el don Juan y su sirvienta joven y lista es la justificación de las frustradas aventuras tenoriescas con Mariví, con Elena y con Lulú...
    A media luz los tres es comedia rica en rasgos de ingenio fino, dulcemente amarga, a ratos sentimental y con alguna situación de vaudeville, que se resuelve en otra muy graciosa, como la mayoría de las que forman esta pieza, verdadera comedia de situaciones, sin contorsionismo en el humor ni desquiciamiento en el fluido y natural desarrollo de las tres acciones distintas, que una mecánica de humor "a lo codorniz" hacen en el fondo, semejantes.
    Enrique Rambal hijo, que es un galán de cuerpo entero, hace muy bien el personaje masculino eje de la comedia. Está simpático, como debe ser todo don Juan joven y tonto, y dice con gracia e intención su parte. El otro galán, el amigo -la acotación lo pide "sano y vulgar", y cuya expresión no demuestra gran inteligencia-, estuvo a cargo de Elmo Michel, que hizo de él un tipo a la norteamericana, también sano y vulgar. Meche Pascual, Liliana Durán y Emma Teresa Armendáriz interpretaron a las tres mujeres que visitan el estudio de Alfredo. Muy convincente y desenvuelta estuvo Meche Pascual en la demivirgen Mariví; Liliana Durán lució su esplendida belleza en la Elena, y Emma Teresa vivió con dulzura y gracia -es magnífica ingenua- el difícil y sencillo personaje de la cabaretera Lulú. La señorita Pilar Jordán cumplió. La dirección de Julián Soler, ágil y clara, cuidó de todos los matices de humor que abundan en esta bella comedia, para la que Jorge Fernández construyó un set minucioso, funcional y del mejor gusto.