FICHA TÉCNICA



Título obra De esta agua no beberé...

Notas de título Il ne faut jurer de rien (título en el idioma original)

Autoría Alfred de Musset

Notas de autoría Juan Ramón Rivas Cherif / traducción

Dirección Julián Duprez

Elenco Beatriz San Martín, Lorenzo de Rodas, Alfredo Varela Hijo, Consuelo Monteagudo, Alonso Castaño

Escenografía Miguel Prieto

Espacios teatrales Sala Ródano

Productores Teatro Universitario

Referencia Armando de Maria y Campos, “De esta agua no beberé... proverbio teatral de Musset, por el Teatro Universitario”, en Novedades, 11 julio 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: De esta agua no beberé...

De esta agua no beberé... proverbio teatral de Musset, por el Teatro Universitario

Armando de Maria y Campos

    El Teatro Universitario presentó como segunda obra de la temporada 1954 el bello proverbio teatral del poeta francés Alfred de Musset Il ne faut jurer de rien, traducido por Juan Ramón Rivas Cherif con el título de Esta agua no beberé...
     No es ésta la primera vez que algún proverbio, o comedia pequeña inspirada en un proverbio del poeta francés Musset, se representa en México. Rodolfo Usigli tradujo y representó On ne badine pas avec l'amour (No se juega con el amor), y poco después de 1944 André Moreau hizo representar con sus primeros discípulos mexicanos Los caprichos de Mariana.
     Alguien afirmó que Louis Charles Alfred de Musset -nacido en París en 1810- carece de historia. Bueno, de historia accidentada, porque su vida, triunfal desde el principio, es interesante y rica siempre en incidentes [...] de amor. Fue educado en un ambiente de alta burguesía con pretensiones aristocráticas, porque su padre, magistrado durante el período revolucionario y poeta también, cuidó escrupulosamente de su educación. A los catorce años ya escribía versos; estudió pintura y antes de los diecisiete años se daba el lujo de traducir y, claro, leer a Shakespeare, Goethe, Schiller y Byron, y a los filósofos Descartes y Spinoza. Después de componer sus primeras baladas Le nuit y Un revé fue presentado a Víctor Hugo y admitido en el cenáculo romático que éste presidía. Su primer libro llamó la atención a Sainte-Beuve, quien lo ponderó con entusiasmo. Influido por el libro de Stendhal Racine y Shakespeare descubre su camino, pero una vez encontrado, intenta definirse. De 1829 a 1836, período que comprende de sus dieciséis a veinticinco años, escribe en verso todo lo que se ha llamado entonces Primeras poesías, De don Pérez a Mamouna, Rolla, Una aventura galante, Las noches de mayo, Diciembre y agosto, la Carte a Lamartine, y las Estancias a la Malibrán, en verso; en prosa: Andrea del Sarto, Los caprichos de Mariana, Lonzaccio, La rueca de Barberine, La confesión de un hijo del siglo, El candelero, No hay que jurar de nada, que es la que ahora se representa con el nombre de Esta agua no beberé..., Las cartas de Dupuis y Catonet... De 1837 a 1841, escribió en verso, La noche de octubre, La esperanza de Dios, Mitad cuaresma, El idilio, Silvia, La velada perdida, Simona y El recuerdo, y en prosa El capricho, Emmeline, Federico y Bernerette, El hijo del Tiziano, etcétera. La lista resulta interminable e incongruente en croniquilla dedicada a Musset, autor de teatro. Durante varios años tuvo

amores borrascosos con Aurora Dupin "George Sand", que ya había sido amiga de Sandeau y de Merimée. Viajaron por Italia. Enfermo Musset en Venecia, Aurora le engaña con el médico que asistía al poeta, queriendo éste matarlos. Aún volvieron a unirse y separarse varias veces. En 1837 consoló a Musset la pasión que sintió por Aimée d'Alton. En 1822 la Academia Francesa le nombró miembro de número.
     Musset fue, entre los románticos franceses, el más tierno poeta de amor. Más sincero, más profundo que Lamartine. En el teatro creó un tipo delicioso de drama y comedia romántica, entre lo sentimental y lo irónico, exquisito, y muy francés y parisiense. Dialogó deliciosamente sobre las finas ironías entre la malicia y el candor. En este aspecto creó su maestro "proverbio teatral" titulado ahora De esta agua no beberé, publicado en la Revue des Deux Mondes en 1846.
     Durante el reinado de Luis Felipe, Musset sólo tuvo fama como poeta y novelista. Sus obras dramáticas, excepto La noche veneciana, representada y silbada en el Odeón parisiense en 1831, sólo estaban consideradas como novelas dialogadas. Su teatro, publicado en la Revue des Deux Mondes, parecía que no tenía que pasar a la escena cuando la actriz Allam Despreux, que había representado Un caprice en San Petersburgo con gran éxito, consiguió que fuese admitido en la Comedia Francesa, y la revelación que produjo un Musset desconocido hizo que fueran estrenadas sucesivamente todas sus obras dramáticas, que, a pesar de haber sido escritas sin pensar en la escena, es acaso lo único que ha quedado en pie del repertorio romántico francés. Il ne faut jurer de rien, con mise en scéne y comentarios de Douking, se representa en Francia, en la Comedia Francesa, con significativa frecuencia.
     Juan Ramón Rivas Cherif y Azaña hizo especialmente para el Teatro Universitario una nueva traducción de Il ne faut jurer de rien (existe otra de Rafael Cansinos Asens excelente), buena también, en castizo y transparente castellano muy ágil y bien hablado, es decir que "se deja representar". Miguel Prieto compuso y pintó varios escenarios románticos de ensueño -necesariamente sujeto a las precarias posibilidades de la sala Ródano-, respetando los cambios de lugar, y aconsejó y vigiló un vestuario de la época, exquisito.
     Julián Duprez se quedó con la dirección que había iniciado Cipriano Rivas Chérif, y logró imprimirle un alado, travieso e irónico aire de fácil aventura amorosa, romántico, jugando las escenas como estampas del más puro

romanticismo francés, sin desairar tal vez algunas de las acotaciones de Douking, pero logrando ser original en el movimiento muy fácil y congruente. No es posible describir cómo se está representando De esta agua no beberé, proverbio hecho comedia, por bello y por simple. Hay que verlo, sentirlo, comprenderlo y disfrutarlo...
     La representación de este bello ejemplo de teatro romántico francés -8 de julio- es una sorpresa para las nuevas generaciones de público, tan habituadas a ver, y no a oír. El proverbio teatral de Musset es para oírse, debe oírse. Es literatura romántica y rico documento social de la época en que fue escrito -1848-. El ambiente, el clima, está traducido a la perfección. Nuevamente el Teatro Universitario pone una pieza propia para criterios sanos y espíritus cultivados. Es una lección de buen teatro y de buen gusto.
     La presentación fue dignísima, rica, propia, de alta calidad en todos sus aspectos. Resultó muy bien interpretada por el grupo de actores seleccionados. Beatriz San Martín en la Cecilia -dama boba del siglo XVIII, ingenua, romántica muy 1848- dijo su parte con cristalina transparencia, con sencillez y emoción, y en el dúo final con Lorenzo de Rodas se mostró fina, femenina, delicada e inteligente.
     Lorenzo de Rodas, el doncel romántico, estuvo magnífico de figura, gesto y entonación. Hace uno de los mejores personajes que le he visto. Alfredo Varela hijo, en gran actor cómico, flexible y múltiple; Consuelo Monteagudo entendió y dijo muy bien su "culta dama" del 48 romántico, y Alonso Castaño compuso un Abate de la misma época pintoresco y gracioso. El público se mostró frío. Vivimos en tiempos de inquietud y zozobra y pareció no darse cuenta de que por el teatro mexicano pasaba un

...aire suave de pausados giros,
el Hada Armonía rimaba sus vuelos,
e iban frases leves y tenues suspiros
entre los sollozos de los violoncellos...